6 de noviembre de 2014

Toco madera

 Vi acercarse en ese simple gesto a los vestigios del más puro amor lastimado, casi derrotado. Era el mismo lugar de siempre, los sonidos, los aromas que caracterizaban nuestros periódicos encuentros, pero todo había cambiado ya. Me sentí avergonzada, no pude distinguir nada más. Fue en ese mismísimo momento que la vida me pasó por adelante como un tren de carga, como una lupa que se acerca cada vez más al detalle que anuncia la cruda realidad. Supe (supimos los dos) que aquello que habíamos soñado, proyectado, jamás iba a llevarse a cabo, lo vi derrumbarse a mis pies en un segundo irreversible. Se había roto, y la lágrima que ya descendía hacia mis labios era impotente para cualquier solución.
 Nos saludamos con el tacto, abandonando ahí todo el pasado que nos conformó, deshaciendo de una vez cualquier lazo existente, olvidándonos. Y yo sabía que él lo había conseguido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario