Fui psicoanalizada desde que tengo memoria, diagnosticada por mí y por otros de todos los trastornos y manías habidos y por haber, y se llegó a un millón de conclusiones que, valga la redundancia, acabaron inconclusas. Una de ellas es que odio la psicología y a eso no hay con qué darle.
Sin embargo, encontré una nota en una revista que me resultó muy interesante, y englobaba como tema principal la ciclotimia, sus causas y efectos, y demás etcéteras que captaron mi atención. Me sentí algo entendida e identificada, también por algún lado me contuvo saber que padezco algunos síntomas que existen y no son de la invención de mi cuerpo siempre desequilibrado, lunático y fuera de control (importante el egoísmo que radica en mí al creer que soy única y pionera en algo). Es por eso que la recorté cuidadosamente y la pegué en uno de mis tantos cuadernos random repletos de chucherías: algún día iba a acabar sirviéndome.
Pero en cuanto concluí la acción, no llegué a efectuar un respiro que me molestó haber hecho aquello.
No doy más de ciclotímica (conclusión número un millón y uno).
No hay comentarios:
Publicar un comentario