“Estar bien debe ser una obligación, un deber para nosotros. Y esto no significa que tengamos que imponérnoslo, es así y hay que hacerlo porque la vida es linda, Nai, mirala, es linda, y hay que disfrutarla”.
Cito a papá algunos
segundos atrás durante una charla recibida de copiloto mientras unas lágrimas
rutinarias se me escapaban (no sé de qué eran y cuál era su origen, menos cómo
rotularlas, quizá no debería darles tanta trascendencia, deben ser fruto de mi
sensible sensibilidad).
Cuánta razón. Hay
veces que me repaso a mí misma y me noto hundida, y ¿lo peor?, sin ninguna
intención de cambiarlo, como si estuviera en una bicicleta fija constante, que
no me lleva ni acá ni allá, haciendo méritos para avanzar pero con el pensamiento
instalado del fracaso, y aceptándolo sin objeciones. ¿En serio así soy yo? JÁ,
no me conocen. La persona que está redactando ahora no tiene idea de quién soy.
¿Esta es la manera como me ven? Qué feo. Esta debe ser la manera como yo quiero
que me vean, o, por lo menos, la que yo instauro periódicamente (olvidemos un
segundo el inconsciente y el consciente, que esto, que aquello, estos términos
tan mecánicos y clichés en cuanto a la mente humana que me tienen cansada, y en
verdad tengo la sospecha de que dentro mío conforman una unidad). Uno cosecha
lo que siembra, de eso no hay dudas. Es por eso que hay que contagiar. Propongo. Contagiar dulzura, enviar buenas energías hasta a la gente que no se las merece
(y creo que un punto y aparte vendría bien para discutir este pequeño tópico. Me
gustaría saber quién decide, da significado, y juzga estos aspectos, y si este existe
en verdad o es un mito de abuelas. En otra circunstancia, con gusto), sonreír mucho,
sincera y espontáneamente, regalar, compartir, ayudar, acompañar, y todos esos
verbos que podíamos encontrar en una bandera escolar en homenaje a nuestra
patria durante nuestra primaria, y que son ciertos, y muchas veces obviamos o
pasamos de largo. Llenen sus almas, abrácense ustedes mismos, háganse un mimo
haciéndoselo a los demás. Es una buena práctica que muchos tienen miedo de
implementar, me incluyo, pero que vale realmente la pena con sólo tratar. Es un
viaje de ida y una promesa, nadie se va a arrepentir (en caso contrario se les
reintegrará el dinero). Arriesguen.
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