Alguna vez tuve que
dejar todo el campo colectivo que abarcaba mi vida para enfocarme en mis
proyectos, los cuales demandaban mucha atención. Todo con sus respectivas secuelas
positivas y negativas.
Cuando hube
recuperado un poco de energía, después de largo rato y un buen triunfo, y tenía
un poquito en la reserva, pude ponerme subjetiva en cuanto a mi entorno y a mí
misma, y repartir mi tiempo y otros factores en sendas partes iguales para
ambos. Todo estaba en armonía, todo resultaba muy bien, iba sobre un carril de
vía rápida que muy pronto llegó a su fin. Tengo de esas épocas pasadas los
mejores recuerdos de mi vida próxima al presente, y las añoro con mucha fuerza.
Un día explotó una
bomba. Bueno, de manera metafórica, porque lo único que estalló fue mi mente
después de un tiempo de tantos interrogantes y dudas. Y no hubiera sucedido sin
mi consentimiento, al menos parcial, por lo que es en vano echar culpas ajenas.
Me alcanzaban cientos de reclamos y opresiones (a los que bien podría haber
aplicado la famosa frase “a palabras necias, oídos sordos” y no fue así) que
esperaban de mí un poco más de dedicación. Me trataron de autoexigente, de
obstinada, de terca (¿cuándo no?), me culparon por esforzarme en procedimientos inútiles que
no necesitaba. ¿Hace, realmente, un árbol
sonido si cae en el medio del bosque y nadie lo escucha? Lo mismo sucedió
conmigo, minimizado a mi vida que ya se convirtió en un estado mecánico del que
muchas veces me quiero enajenar y no lo logro. Yo sí me dediqué, yo y todas las
enormes cosas que me conformaban en ese entonces, a valorar aunque sea una
porción de todas esas ingratas calificaciones, y resolví por fin que estaban en lo
cierto. No quiero desprestigiar a la Naiara de ese entonces, tendría que
situarme seriamente en el contexto social y psicológico que en aquel momento se
encontraba, pero hoy no se me ocurre argumento coherente que habilite las decisiones
tomadas a partir de ese punto en la historia.
Actualmente dejé todo,
estoy estancada, y me faltan muchas fuerzas para seguir. Está bien que no hay
que alegar absolutamente nada cuando una está frustrada y, aunque me cueste
admitirlo y me dé mucha vergüenza, triste, pero no puedo seguir ocultándolo e
intentando emparchar sobre la herida latente. Realizando una visión en
retrospectiva como la que acabo de hacer, y todos los días en mi inconsciente
reviso también, una nota que estuvo mejor en otros y tiempos y puede aún
progresarse. No me conformo con nada, y menos con lo que estoy viviendo ahora,
pero necesito con urgencia que se instale un mercado de energías en alguna
parte del universo para dirigirme corriendo y convertirme en una cliente
estrella, porque las que se fabrican en mi interior son de la peor calidad.
Pero no me tengo que
dejar engañar, y volviendo los pies a la Tierra sé el papel protagónico que
tengo que ocupar en esta desesperante historia. Todo radica en mí, ayer, hoy, y
siempre va a ser de la misma forma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario