3 de mayo de 2014

Etapas

 Alguna vez tuve que dejar todo el campo colectivo que abarcaba mi vida para enfocarme en mis proyectos, los cuales demandaban mucha atención. Todo con sus respectivas secuelas positivas y negativas.

 Cuando hube recuperado un poco de energía, después de largo rato y un buen triunfo, y tenía un poquito en la reserva, pude ponerme subjetiva en cuanto a mi entorno y a mí misma, y repartir mi tiempo y otros factores en sendas partes iguales para ambos. Todo estaba en armonía, todo resultaba muy bien, iba sobre un carril de vía rápida que muy pronto llegó a su fin. Tengo de esas épocas pasadas los mejores recuerdos de mi vida próxima al presente, y las añoro con mucha fuerza.

 Un día explotó una bomba. Bueno, de manera metafórica, porque lo único que estalló fue mi mente después de un tiempo de tantos interrogantes y dudas. Y no hubiera sucedido sin mi consentimiento, al menos parcial, por lo que es en vano echar culpas ajenas. Me alcanzaban cientos de reclamos y opresiones (a los que bien podría haber aplicado la famosa frase “a palabras necias, oídos sordos” y no fue así) que esperaban de mí un poco más de dedicación. Me trataron de autoexigente, de obstinada, de terca (¿cuándo no?), me culparon por esforzarme en procedimientos inútiles que no necesitaba. ¿Hace, realmente, un árbol sonido si cae en el medio del bosque y nadie lo escucha? Lo mismo sucedió conmigo, minimizado a mi vida que ya se convirtió en un estado mecánico del que muchas veces me quiero enajenar y no lo logro. Yo sí me dediqué, yo y todas las enormes cosas que me conformaban en ese entonces, a valorar aunque sea una porción de todas esas ingratas calificaciones, y resolví por fin que estaban en lo cierto. No quiero desprestigiar a la Naiara de ese entonces, tendría que situarme seriamente en el contexto social y psicológico que en aquel momento se encontraba, pero hoy no se me ocurre argumento coherente que habilite las decisiones tomadas a partir de ese punto en la historia.

 Actualmente dejé todo, estoy estancada, y me faltan muchas fuerzas para seguir. Está bien que no hay que alegar absolutamente nada cuando una está frustrada y, aunque me cueste admitirlo y me dé mucha vergüenza, triste, pero no puedo seguir ocultándolo e intentando emparchar sobre la herida latente. Realizando una visión en retrospectiva como la que acabo de hacer, y todos los días en mi inconsciente reviso también, una nota que estuvo mejor en otros y tiempos y puede aún progresarse. No me conformo con nada, y menos con lo que estoy viviendo ahora, pero necesito con urgencia que se instale un mercado de energías en alguna parte del universo para dirigirme corriendo y convertirme en una cliente estrella, porque las que se fabrican en mi interior son de la peor calidad.

 Pero no me tengo que dejar engañar, y volviendo los pies a la Tierra sé el papel protagónico que tengo que ocupar en esta desesperante historia. Todo radica en mí, ayer, hoy, y siempre va a ser de la misma forma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario