21 de abril de 2014

 Nunca tuve que tomar tantas decisiones como en este último tiempo de mi existencia, y nunca le tuve tanto miedo al futuro, tanto anhelo al pasado, y desprestigio del presente como me está pasando en este momento. Tengo la desesperante sensación de que la vida corre a mi lado con un propósito y a sabiendas de su rumbo, cuando yo, desorientada, la veo pasar sin remedio. Me siento la oveja negra de mi entorno y eso me hace sentir mal, cuando en otras ocasiones fue lo que siempre quise ser. Estoy tan en desacuerdo con el sistema que es el mundo. No encajo, no estoy cómoda, ni siquiera conmigo misma, no puedo frenar ni seguir, la inercia me arrastra hacia el ojo del huracán, no veo mi destino pero sé que es perjudicial y contaminante, y no me brotan las ideas (mucho menos las energías) para cambiar esta realidad. Antes solía proponer, y esperar con paciencia que me correspondan disponiendo; hoy no estoy en condiciones. Me aferro al hecho de ser una adolescente exagerada queriendo ser un poco más que nada, alterando los objetos para llamar la atención de un ente indefinido, y eso me genera más temor aún, resurgiendo las malditas excusas que me trajeron hasta acá.

 Solía llevar mi vida en el control de la palma de mi mano. Es como si aquello hubiera pasado ayer. Hoy estoy perdida.

 Por suerte Ciro me repite tantas veces como yo accione la canción que todo pasa. Y es verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario